El “hooliganismo” musical en la era digital

PUNTO ARGUMENTAL

El futbol y el rock británico siempre han compartido el mismo ADN: ruido, arrogancia, pasión desmedida y una irresistible necesidad de provocar al rival. Por eso, el reciente revuelo en redes sociales provocado por Liam Gallagher -vocalista de la mítica banda Oasis- durante este Mundial no debería sorprender a nadie, aunque a más de uno le haya hecho hacer bilis.

Previo al duelo de octavos de final entre Inglaterra y México, el cantante soltó en su cuenta de X que su selección ganaría 5-0, y remató diciendo que si el Tri daba la sorpresa, se podían ir olvidando de la gira de reunión de Oasis en territorio mexicano; incluso Fher, de Maná, se enganchó. Tras la eliminación nacional, el músico británico saltó al siguiente escalón de la provocación de cara a la semifinal contra Argentina, asegurando con su habitual soberbia que Inglaterra levantará la copa del mundo sin importar cómo.

Para entender qué hay detrás de estas declaraciones no hace falta un análisis geopolítico, sino entender el folklore del aficionado inglés. Liam Gallagher no está dictando una sentencia de la industria musical; está actuando como el típico asistente de un pub de Manchester. Es el “hooliganismo” ilustrado y trasladado a la era digital. En el Reino Unido, este tipo de declaraciones no se toman como ofensas, sino como la tradicional “carrilla” o banter del futbol: una forma de calentar el partido, picar la cresta del rival y medir el aceite de la afición contraria.

El verdadero fenómeno aquí es comunicacional. Las masas suelen tomarse el futbol con una solemnidad casi sagrada, al grado de que figuras públicas del entretenimiento salgan en video para exigirle respeto a un rockstar que ha vivido de la provocación los últimos treinta años. Gallagher sabe perfectamente lo que hace: utiliza la caja de resonancia de la Copa del Mundo para mantenerse en el centro de la conversación global, sabiendo que el público latinoamericano responde con una pasión volcánica ante el menor estímulo.

Al final, el propio músico tuvo que salir a bajar los ánimos aclarando que la afición mexicana siempre ha sido espectacular con él. Detrás del micrófono y de las pantallas no hay odio, hay espectáculo. En una era donde el discurso público suele estar sumamente cuidado y acartonado, el folklore del futbol agradece, de vez en cuando, un poco de esa irreverencia que nos recuerda que esto, a fin de cuentas, sigue siendo un juego. Los conciertos no se van a cancelar por un resultado en la cancha; la música se queda, la rivalidad pasa y el show debe continuar.