Abecedario de candidaturas

PUNTO ARGUMENTAL

Elegir a un buen presidente municipal debería ser un asunto de capacidad, trabajo en la comunidad y resultados. Sin embargo, en Hidalgo, una propuesta en el Congreso local pretende que el género de los candidatos en los 84 municipios se determine por el orden alfabético de cada ayuntamiento.

La iniciativa, impulsada por legisladores locales para reformar el Código Electoral del Estado, busca ordenar la lista de los 84 municipios de la A a la Z y dividirla en dos bloques exactos de 42. El primer bloque alfabético quedaría reservado para que compitan únicamente mujeres y el segundo bloque para hombres, alternándose para el siguiente periodo. La intención, según los promotores de la norma, es evitar que los partidos manden a las mujeres a competir solo a los municipios con menos presupuesto o donde saben de antemano que van a perder.

El problema es que intentar solucionar una injusticia con una regla tan rígida genera un mal peor. Garantizar que las mujeres ocupen espacios de decisión es una deuda histórica y una exigencia democrática que no admite discusión; el tema es la forma. Subordinar la política al abecedario convierte la asignación de candidaturas en una lotería donde no importa quién conoce las necesidades del pueblo, sino en qué bloque de la lista cayó el municipio.

Con este esquema, perfiles valiosos —seate mujer u hombre— que han trabajado durante años en sus comunidades pueden quedar fuera de la contienda de un plumazo. Si a un municipio por su nombre le toca ser asignado al bloque femenino, un hombre con trayectoria y respaldo social queda eliminado en automático. Y si la lista asigna a ese municipio al bloque masculino, una mujer capacitada y con liderazgo real tampoco podrá competir.

La verdadera paridad no se logra repartiendo municipios como si fueran fichas de dominó. La representación efectiva exige medir el mérito, la preparación y el trabajo real con la gente, no la casualidad con la que empieza el nombre de una localidad.

El Congreso de Hidalgo tiene la responsabilidad de debatir este tema con seriedad. La equidad de género se defiende abriendo la cancha para que compitan las y los mejores, no con fórmulas raras donde la suerte de la lista alfabética pesa más que la capacidad para gobernar.