DETRÁS DE MI VENTANA
Por Jaime Carreño @JaimeCarreno
He escuchado desde hace ya un tiempo que nuestra sociedad se encuentra dividida políticamente, que si unos son de un partido o de una ideología y que otros son de otra. Lo que también me llama la atención es que se diga que este divisionismo nunca había sido así, lo cual es completamente equivocado.
Nuestro país históricamente siempre ha estado dividido por varias ideologías, incluso antes de ser considerado México. Por ahí del año 1325, cuando llegaron los mexicas al Valle de Anáhuac, esta área estaba dominada por los tecpanecas, hasta ser derrotados por los mexicas, que se convirtieron en el pueblo dominante y que después tuvieron en los tlaxcaltecas, texcocanos y huejotzingas a sus principales antagonistas. Tanto fue así que, en 1521, estos se unieron a Hernán Cortés y juntos derrotaron a los mexicas.
El siglo XIX es principalmente el siglo del divisionismo. Ahora viajemos al nacimiento de nuestro país como México, el cual desde 1810 inició con una división entre independentistas y realistas, para después, en septiembre de 1821, unirse y lograr la independencia, marcándola con la entrada del Ejército Trigarante. Sin embargo, un día después, Iturbide no invitó a Guerrero a firmar el Acta de Independencia, dejándolo de lado como parte del grupo republicano, mientras que solo los criollos de tendencia realista la firmaron.
Después de la caída del Primer Imperio Mexicano, nos dividimos entre federalistas (Gómez Farías y Guerrero entre otros) y centralistas ( por ejemplo Lucas Alamán y Bustamante) para definir qué tipo de república queríamos. Primero triunfaron los federalistas en 1824, pero esto no puso fin a las divisiones. Los centralistas conservadores, con el “veleta” de Antonio López de Santa Anna, lograron crear una Constitución centralista en 1836. Este divisionismo y la constante pelea entre mexicanos fueron aprovechados por Estados Unidos para fomentar primero la independencia de Texas en 1836 y, después, en 1848, apoderarse de más del 50 % del territorio mexicano.
No contentos con esto, y tras el derrocamiento de Santa Anna, los liberales lucharon por imponer las Leyes de Reforma y una Constitución liberal, mientras que los monarquistas y conservadores luchaban en contra. Incluso, el ejército francés nos invadió en dos ocasiones: primero en la llamada Guerra de los Pasteles y después con la instauración del Segundo Imperio Mexicano, trayendo a Maximiliano de Habsburgo entre 1864 y 1867.
Una guerra entre conservadores y liberales que nos costó, según algunos historiadores, alrededor de 200 mil muertos.
Es decir, en el siglo XIX, desde 1810 hasta 1876, con la llegada a la presidencia de Porfirio Díaz, nos pasamos 66 años peleando entre nosotros, teniendo presidentes que gobernaron 5 días, 18 días o 33 días, y muchos más que ni siquiera concluyeron su periodo.
Lo que le quiero decir con esto, lector, no es que nuestro país no tenga divisiones de pensamiento político. Siempre las ha habido y siempre las habrá. El problema es que no sepamos vivir con ellas y trabajar dentro de nuestras diferencias por el bien del país. No cometamos los errores del siglo XIX.