Giro a la derecha en el continente americano

PUNTO ARGUMENTAL

Durante años, la conversación pública insistió en presentar la política latinoamericana como una contienda moral entre proyectos solidarios e intereses financieros. Sin embargo, los resultados electorales acumulados en la región responden a una lógica bastante más terrenal: la asfixia fiscal, la parálisis económica y el hartazgo social frente a administraciones que engordan la burocracia estatal mientras la delincuencia se adueña de las calles.

El avance de las propuestas de derecha e iniciativa privada en el continente no responde a una moda pasajera, sino a la búsqueda de certidumbre. Frente al fracaso del asistencialismo estatal para generar riqueza real, las mayorías productivas —trabajadores, pequeños comerciantes y sectores agroindustriales— exigen libertad de mercado, orden público y reglas claras para la inversión.

En este marco de reordenamiento regional, la definición en la segunda vuelta presidencial de Brasil adquiere una trascendencia decisiva. La primera ronda no solo ratificó el desgaste del proyecto de Luiz Inácio Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores, sino que dejó ver la fuerza del bloque conservador. La ventaja obtenida por Flávio Bolsonaro (PL) con más del 47 % de los votos, sumada a la contundente victoria de su aliado Tarcísio de Freitas —reelecto gobernador en el motor económico de São Paulo con más del 62 % de los sufragios—, evidencia que el núcleo productivo del país pide un rumbo distinto.

Aunado al resultado del Ejecutivo, la configuración del nuevo Congreso Nacional consolidó la mayor bancada del Partido Liberal tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados. Este freno legislativo manda una señal inconfundible de contrapeso: el margen para el endeudamiento público, la presión tributaria sobre el sector privado y las regulaciones ideologizadas ha quedado virtualmente clausurado.

El próximo 25 de octubre, Brasil decidirá algo más que un nombre en el Palacio del Planalto. Se juzgará la viabilidad de un modelo basado en el respeto a la propiedad, el rigor financiero y el combate frontal al crimen organizado. Para América Latina, el eventual triunfo del bloque conservador significaría la consolidación de un polo de desarrollo pragmático capaz de devolverle la competitividad al continente frente a los mercados globales.