Hemos dejado de leer y ahora solo queremos escuchar o ver imágenes

DETRÁS DE MI VENTANA

Por Jaime Carreño @JaimeCarreno

No sé si usted tenga cuenta en alguna de las múltiples redes sociales, que, si bien son una fuente de información o desinformación, yo sí cuento con varias cuentas.

Como lo he mencionado, la inmediatez con la que estas redes sociales nos hacen llegar imágenes, textos, videos, sonidos, información o desinformación es verdaderamente sorprendente. Muchas noticias ahora se transmiten a través de X (antes Twitter). Por medio de esta red nos enteramos de si una persona está en Washington o en Los Ángeles, si un país atacó a otro, si hubo un tiroteo en algún lugar o si algún famoso deportista firmó con determinado equipo, o incluso si algún artista ha fallecido, sea o no cierta la información.

El asunto es que, sin ser esto una investigación científica, he notado que cuando publico algo en Facebook, la cantidad de personas que reaccionan depende mucho del tipo de publicación que hago.

Cuando publico algún texto, aunque no sea muy largo, la cantidad de personas que reaccionan es poca; sin embargo, si publico una fotografía o un video acompañado de algún texto, la cantidad de reacciones suele ser cinco o diez veces mayor.

Esto se debe a que la gente no ha dejado de leer por completo, pero prefiere consumir imágenes y videos cortos debido a la inmediatez y rapidez con las que estimulan el cerebro. Esto ocurre, principalmente, por tres razones:

Inmediatez: las plataformas digitales ofrecen gratificación instantánea sin requerir el esfuerzo mental que demanda la lectura de un texto largo.

Atención fragmentada: la hiperconectividad altera los mecanismos de recompensa del cerebro y dificulta la concentración sostenida.

Menor esfuerzo cognitivo: procesar un video o una infografía es más rápido y emocional que analizar varios párrafos complejos.

El riesgo principal de no leer con frecuencia es el deterioro de la capacidad de concentración profunda y la pérdida de habilidades críticas para procesar información compleja. Cuando el cerebro se acostumbra únicamente al estímulo rápido de las imágenes y los videos cortos, se debilita la capacidad de sostener la atención durante tareas más largas.

Al no leer tanto como antes, empobrecemos nuestro lenguaje, reducimos nuestro vocabulario y perdemos precisión al hablar o escribir. Al desarrollar menos habilidades de comunicación, corremos el riesgo de no expresar con claridad nuestras ideas y de no ser comprendidos por los demás.

En la pantalla de nuestro teléfono o computadora ya no leemos línea por línea; más bien escaneamos el texto en busca de palabras clave, sin absorber su contenido completo. Por ello vamos perdiendo capacidad de comprensión y, por ende, la habilidad de analizar críticamente lo que leemos. Como consecuencia, quienes leen menos tienden a ser más propensos a creer titulares falsos o videos manipulados de corta duración.

Esto es más frecuente entre la gente joven. Muchos, sin generalizar, tienen un vocabulario más limitado y una menor capacidad para comprender textos complejos que las generaciones mayores. Sin embargo, todos estamos cayendo en la misma comodidad: queremos que todo nos llegue en forma de videos o imágenes acompañadas de textos breves.

Lo invito a no perder la buena costumbre de leer. Leer sigue siendo una de las mejores herramientas para comprender el mundo, desarrollar el pensamiento crítico y enriquecer nuestro lenguaje. En una época en la que todo parece ir cada vez más rápido, detenernos unos minutos para leer puede ser, precisamente, el mejor ejercicio para nuestra mente.