- Este 24 de junio, día de San Juan, se cumple el quinto centenario de la primera actividad con reses bravas en lo que hoy es el corazón de la capital. La efeméride marca el nacimiento de una expresión que cimenta las bases de nuestra cultura mestiza.
Por Ricardo Zárate Ramírez. El calendario histórico marca una fecha trascendental para la memoria colectiva del país. Este 24 de junio, día de San Juan, se cumplen exactamente 500 años, medio siglo, desde que se efectúa la primera corrida de toros en el territorio nacional, teniendo como escenario fundacional el espacio que hoy ocupa el Zócalo de la Ciudad de México. El acontecimiento representa los cimientos de la fiesta contemporánea, una tradición que sobrevive y se mantiene arraigada a pesar de los desafíos y de las actuales formas de manejo por parte de los grupos que administran el sector.
La esencia de este espectáculo recibe originalmente el nombre de “corridas” debido a una estampa netamente popular: es el propio pueblo el que corre a los toros para conducirlos desde los portales hasta la plaza improvisada. Nada tiene que ver la forma en que se realizan los festejos en aquella época virreinal con la estructura que conocemos hoy en día; sin embargo, ese dinamismo marca el punto de partida de la tauromaquia en América.
El regreso de Cortés y la crónica de 1526
Los registros de los historiadores Juan de Torquemada y Francisco López de Gómara documentan que este festejo se organiza en 1526 con motivo del regreso del conquistador Hernán Cortés de su viaje a Las Hibueras, en la actual Honduras, de vuelta a la Nueva España. Las crónicas relatan el momento exacto en que la historia política y la lúdica se cruzan en la Plaza Mayor:
“Estaba Cortés viendo correr ciertos toros cuando le avisaron de la llegada del visitador Luis Ponce de León”.
El enviado de la Corona española arriba con poderes plenos para instruir un juicio de residencia sobre los manejos administrativos del conquistador, lo que significa la llegada de la contraloría del reino en pleno festejo taurino. Si bien el historiador Nicolás Rangel anota el 13 de agosto de 1529 (día de San Hipólito) como otra fecha de gran relevancia, la confusión radica en que el Cabildo de la ciudad ordena corrimientos anuales ese día para celebrar la caída de la Gran Tenochtitlan; no obstante, el antecedente de 1526 se consolida como el origen técnico e histórico.
Raíces de mestizaje y valor ambiental
La fiesta brava nace con una profunda raíz hispana que, al fusionarse con la realidad indígena, da vida a un mestizaje irreversible donde predomina lo español a través del idioma, las costumbres, la religión y el ganado vacuno. Con el paso de los siglos, el pueblo adopta e incorpora esta actividad como una manifestación cultural propia.
Más allá del valor histórico, la vigencia de la tauromaquia se sustenta en una sólida realidad ecológica que las corrientes prohibicionistas suelen ignorar. Las ganaderías de lidia operan actualmente bajo principios indispensables para la biodiversidad:
- Pulmones ecológicos: Las dehesas donde se cría el toro de lidia constituyen inmensas reservas naturales beneficiosas para el planeta, mitigando los efectos de la contaminación.
- Refugios de biodiversidad: La flora y fauna que habitan en estos terrenos son componentes esenciales para el equilibrio ecológico, protegiendo los ecosistemas locales de la mancha urbana.
La tauromaquia llega a este quinto centenario herida, pero viva y con festejos reactivándose en las plazas de todo el país. México está de plácemes ante una conmemoración que abraza cinco siglos de historia, cultura y permanencia. ¡Viva la fiesta brava!
Tepeapulco: La cuna del arraigo taurino en Hidalgo
Es imposible hablar de la expansión de esta riqueza histórica sin volver la mirada hacia el estado de Hidalgo, considerado por cronistas e investigadores como la auténtica cuna de la ganadería y la tradición taurina en el país. Aunque los eventos en el Zócalo son los primeros del continente, el arraigo y la crianza formal de reses bravas encuentran su hogar definitivo en el Altiplano hidalguense. Registros del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y crónicas eclesiásticas locales documentan que en el municipio de Tepeapulco se edificó una de las primeras plazas o ruedos provisionales de la región, ubicada justamente a un costado del emblemático Exconvento de San Francisco.
Este espacio sagrado y civil cobra una relevancia única debido a la cercanía con la célebre “Casa de Hernán Cortés” (una de las primeras construcciones virreinales fortificadas del siglo XVI en la zona), donde el conquistador coordinaba la introducción de los primeros hatos de ganado vacuno y caballar al territorio. Investigaciones históricas señalan que en este perímetro franciscano, el correr de los toros se integró rápidamente a las festividades patronales, consolidando a Hidalgo como el epicentro formativo y el pilar histórico más antiguo de la tauromaquia mexicana fuera de la capital del país.