La presa Endhó, problema nacional

PUNTO ARGUMENTAL

El malestar en los municipios ribereños de la presa Endhó volvió a aumentar en las últimas semanas. Los comités ambientalistas de Tula de Allende y Tepetitlán evalúan fijar un ultimátum ante el incumplimiento en los calendarios oficiales fijados por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Comisión Nacional del Agua (Conagua). La maquinaria especializada destinada al dragado y al retiro masivo de lirio acuático, programada para iniciar trabajos en la tercera semana de octubre, no llegó a la zona. Mientras las autoridades atribuyen el retraso a trámites de importación y logística internacional, en las orillas del embalse la población vive a diario con las consecuencias de la contaminación.

La situación actual no es producto de un problema logístico aislado, sino de un esquema de gestión ambiental que durante más de cincuenta años ha utilizado al Valle del Mezquital como el receptor de los desechos del centro del país.

La realidad de las comunidades cercanas a la presa Endhó abarca múltiples aspectos. Las familias enfrentan plagas constantes de mosquitos, infecciones en la piel, problemas gastrointestinales y malos olores que alteran la vida cotidiana en municipios como Tepetitlán y Tula.

En septiembre de 2024, la publicación del decreto de Zona de Restauración Ecológica generó expectativas de atención integral tras décadas de reclamos. Se anunció la elaboración de un Plan Maestro y la asignación de recursos para la remediación de más de 36 mil hectáreas. Sin embargo, los avances en campo no han coincidido con los plazos anunciados.

En las últimas semanas, el ritmo de trituración de lirio disminuyó de manera drástica. Los equipos existentes resultaron insuficientes ante la densidad de la biomasa y los sedimentos acumulados, lo que provocó fallas mecánicas continuas. La llegada de la maquinaria especializada —indispensable para la extracción profunda— volvió a postergarse. Para los pobladores y los comités locales, las explicaciones sobre la logística marítima no resuelven la falta de resultados en el territorio.

Considerar la crisis de la presa Endhó como un problema estrictamente regional o de competencia municipal es un error de diagnóstico. Se trata de una emergencia de impacto nacional.

La presa no genera su propia contaminación. Desde la década de 1970 fue habilitada como el punto final de descarga de los efluentes del Túnel Emisor Central y del Río Tula. Todos los días recibe aguas residuales domésticas, industriales y hospitalarias procedentes de la Ciudad de México y del Estado de México.

La contradicción del sistema radica en que el agua no tratada enviada desde la zona metropolitana se utiliza para regar más de 90 mil hectáreas agrícolas en los Distritos de Riego 003 y 100. Los granos y hortalizas cultivados en Hidalgo bajo estas condiciones se distribuyen posteriormente en los mercados de la capital y de diversos estados del país. Por ello, el problema no se limita al vaso de la presa, sino que afecta directamente la cadena de producción de alimentos de la región central de México.

El deterioro en la presa Endhó presenta impactos directos en cuatro frentes principales:

  • Ecológico: La concentración de nitrógeno y fósforo proveniente de las descargas causa la proliferación acelerada de lirio acuático. La capa vegetal reduce el oxígeno en el agua, destruye la fauna acuática y altera el ecosistema local.
  • Salud pública: La acumulación de biomasa propicia la reproducción masiva de vectores. La exposición prolongada a la contaminación del agua y del aire se traduce en afecciones médicas recurrentes en los habitantes de la zona ribereña.
  • Económico y productivo: La presencia de lirio e impide el uso del embalse, afecta la pesca local y bloquea los canales de riego. Los agricultores dependen de este volumen de agua para sus cosechas, pero operan con insumos de alta carga contaminante.
  • Institucional: Las modificaciones constantes en las fechas de entrega, la falta de equipo en el sitio y la dispersión de responsabilidades entre dependencias federales y locales han desgastado la confianza de los habitantes de la región.

Las comunidades del Valle del Mezquital señalan que la zona ha asumido el costo ambiental de recibir los desechos de la metrópoli sin contar con la infraestructura necesaria para su tratamiento.

Si la respuesta de las autoridades federales continúa limitándose a la emisión de comunicados para justificar los retrasos técnicos, el conflicto social seguirá creciendo. El ultimátum planteado por las organizaciones comunitarias responde a años de incumplimientos en los compromisos de saneamiento. La presa Endhó requiere soluciones definitivas: asignación presupuestal permanente, instalación de plantas de tratamiento en los puntos de ingreso del agua y la presencia de la maquinaria prometida. Administrar el problema mediante etapas parciales solo prolonga el impacto ambiental y social en la región.