DETRÁS DE MI VENTANA
Por Jaime Carreño @JaimeCarreno
Los dichos y expresiones populares son pequeñas cápsulas de historia. Los repetimos para hablar de nuestras debilidades, decisiones, problemas o engaños, muchas veces sin preguntarnos qué tienen que ver Aquiles, Pandora, una manzana, unos tamales o una marca de cigarros con nuestra vida cotidiana. Sin embargo, detrás de estas frases suelen esconderse mitos, acontecimientos históricos y relatos transmitidos de generación en generación.
Cuando decimos que algo es “el talón de Aquiles” de una persona, una empresa o un proyecto, nos referimos a su punto más débil o vulnerable. La expresión proviene de la mitología griega. Según una versión posterior de la leyenda, Tetis sumergió a su hijo Aquiles en el río Estigia para hacerlo invulnerable, pero lo sostuvo por un talón, que quedó fuera del agua. Esa pequeña parte de su cuerpo permaneció desprotegida y, con el tiempo, se convirtió en el lugar donde una flecha habría provocado su muerte. Así, uno de los guerreros más poderosos de la mitología terminó siendo recordado no solamente por su fuerza, sino también por su única debilidad
Algo parecido sucede cuando hablamos de “abrir la caja de Pandora”. Utilizamos esta expresión cuando una decisión aparentemente sencilla desencadena numerosos problemas difíciles de controlar. Pandora, considerada la primera mujer en ciertos relatos griegos, recibió un recipiente que no debía abrir. Al hacerlo, dejó escapar los males y sufrimientos que se dispersaron por el mundo, mientras la esperanza permaneció dentro.
También recurrimos a la mitología cuando calificamos algo como “la manzana de la discordia”. La expresión describe el objeto o asunto que provoca una disputa. En el banquete de bodas de Peleo y Tetis, la diosa Eris, personificación de la discordia, arrojó una manzana de oro destinada “a la más bella”. Hera, Atenea y Afrodita reclamaron el premio. La elección recayó en Paris, príncipe de Troya, y las consecuencias de su decisión contribuyeron, según el mito, al inicio de la guerra de Troya.
De esa misma tradición procede “pasar una odisea”. Hoy la empleamos para describir un viaje, trámite o experiencia llena de obstáculos. Su origen está en la Odisea, poema épico atribuido a Homero, que relata el accidentado regreso de Odiseo, también llamado Ulises, a su hogar en Ítaca tras la guerra de Troya. El trayecto se prolongó durante años y estuvo marcado por naufragios, criaturas fantásticas, tentaciones y la intervención de los dioses. Con el tiempo, el nombre de aquella obra dejó de referirse únicamente al poema y se convirtió en sinónimo de cualquier recorrido largo y complicado.
La historia también ha dejado expresiones como “quemar las naves”, que significa tomar una decisión definitiva y eliminar toda posibilidad de regresar. La frase suele asociarse con Hernán Cortés, quien en 1519 inutilizó las embarcaciones utilizadas para llegar desde Cuba hasta las costas de Veracruz, impidiendo que sus hombres pudieran abandonar la expedición fácilmente. Sin embargo el conquistador copió esta estrategia de Alejandro Magno, quien sí quemó su flota en el año 335 a.C. en la costa fenicia por razones similares
Entre los dichos mexicanos encontramos “ya chupó Faros”, utilizado para indicar que alguien murió o que algo dejó definitivamente de funcionar. La explicación más difundida lo relaciona con los cigarros Faros, una marca económica y popular. Según la tradición, a algunos condenados a muerte se les permitía fumar un último cigarrillo antes de ser fusilados.
Finalmente,“hacer de chivo los tamales” significa engañar, defraudar o ser infiel. La explicación popular cuenta que alguien sustituyó la carne esperada en unos tamales por carne de chivo, ocultando el cambio para engañar al comensal. Con el tiempo, aquella sustitución culinaria se transformó en metáfora de cualquier engaño, especialmente el cometido por una pareja.
Estas expresiones demuestran que el idioma no se construye solamente en los diccionarios. También nace en los mitos, los mercados, las cocinas, los campos de batalla y las conversaciones familiares. Cada vez que hablamos de un “talón de Aquiles”, advertimos sobre una “caja de Pandora” o decidimos “quemar las naves”, damos nueva vida a historias que comenzaron hace siglos. Los dichos cambian y sus orígenes pueden mezclarse con la leyenda, pero continúan cumpliendo una función esencial: explicar situaciones complejas con unas cuantas palabras que todos podemos recordar.