- A poco más de un lustro del bimilenario de su fundación, la Iglesia Católica muestra una resistencia demográfica en el país; el crecimiento poblacional y una menor deserción porcentual marcan el ritmo de 2026.
A poco más de un lustro de que la Iglesia Católica cumpla 2 mil años de fundada, el panorama religioso en México revela una resistencia estadística que desafía las proyecciones más pesimistas de décadas anteriores. A pesar de la creciente pluralidad de credos y el relativo avance del secularismo, los datos demográficos más recientes indican que la institución no solo mantiene su vigencia, sino que ha alcanzado un hito numérico sin precedentes en territorio nacional.
De acuerdo con el análisis de las tendencias demográficas y los datos derivados del ciclo censal del INEGI hacia 2026, el país ha superado la barrera de los 100 millones de ciudadanos que se identifican como católicos. Esta cifra representa un incremento nominal respecto a los 97.2 millones reportados en el Censo de 2020, impulsado principalmente por la inercia del crecimiento poblacional total.
Sin embargo, el dato que destaca para los analistas es la desaceleración en la tasa de decrecimiento. Mientras que entre los años 2000 y 2010 la caída en la representatividad fue de 5.3 puntos porcentuales, y de 2010 a 2020 fue de 5 puntos, los datos preliminares del Conteo de Población y Vivienda 2025 indican que el ritmo de abandono de la fe católica se ha reducido significativamente. Esta “frenada” en la caída sugiere una etapa de mayor fidelización y la evangelización de muchos apologistas en redes sociales que aclaran las dudas que muchos tenían sobre la doctrina.
La estadística revela que el catolicismo no solo es la fuerza espiritual mayoritaria, sino que ha logrado retener su base de fieles con mayor eficacia en los últimos cinco años. Este escenario plantea un México que, aunque más plural, reafirma su raíz cultural católica en términos masivos.
Especialistas en demografía religiosa señalan que este comportamiento podría responder a factores de cohesión social en comunidades rurales y una revalorización de las tradiciones en zonas urbanas. A medida que el INEGI procese los tabulados finales de 2026, se podrá confirmar si esta estabilización es el inicio de una nueva meseta estadística para la institución religiosa más grande de México.