Pachuca y Cornualles, minería y deporte

PUNTO ARGUMENTAL

Hay imprecisiones históricas que, a fuerza de repetirse durante dos siglos, terminan por asumirse como verdades indiscutibles. Una de las más arraigadas en el imaginario colectivo de Hidalgo es la afirmación de que a la comarca minera de Pachuca y Real del Monte llegaron “los ingleses”. Sin embargo, el rigor de los hechos demuestra lo contrario: las familias y trabajadores que arribaron a nuestras tierras a partir de 1824 no eran ingleses, sino córnicos.

La confusión no es menor. Aunque el territorio de Cornualles (Kernow) quedó integrado administrativamente a Inglaterra con el paso de los siglos, el pueblo córnico posee una identidad celta britónica completamente distinta a la raíz anglosajona del resto del suelo inglés. Tienen su propio idioma, sus tradiciones y, desde 2014, el propio gobierno británico y el Consejo de Europa los reconocen formalmente como una minoría nacional con identidad étnica propia.

Cuando la Compagnia de los Real del Monte y Pachuca contrató mano de obra para rescatar las minas inundadas tras la guerra de Independencia, no trajo habitantes del campo inglés, sino a los mejores especialistas en minería profunda del mundo, provenientes de distritos como Camborne y Redruth, en Cornualles. Fueron ellos quienes transportaron las pesadas máquinas de vapor, diseñaron las chimeneas que aún coronan la montaña e introdujeron el Cornish pasty, que la gastronomía hidalguense adoptó y transformó en el tradicional paste.

Fueron también los córnicos quienes trajeron el futbol a Pachuca. No fueron diplomáticos ni empresarios de la alta sociedad londinense los que patearon por primera vez un balón en los patios de las minas, sino los obreros y técnicos de Cornualles que organizaron los primeros partidos documentados en el país y dieron origen al club que convirtió a Pachuca en la cuna del futbol mexicano.

Llamarles “ingleses” a secas es borrar la historia de un pueblo celta que dejó su huella genética, arquitectónica, deportiva y cultural en las montañas de Hidalgo. Los textos de historia local y el lenguaje cotidiano deben hacer honor a la verdad: la transformación de la comarca minera fue obra de la fuerza, la tecnología y el legado de los córnicos.