Por León Caster. Un acontecimiento no se inventa por decreto ni se improvisa según las necesidades de una política turística; se sostiene con documentos y con el peso de la realidad. Cuando se intenta modificar la historia para cubrir metas del presente, se corre el riesgo de caer en la ligereza.
Esto viene a colación por la mañanera del lunes donde participó la secretaria de Turismo de Hidalgo. Habló de futbol y de las actividades de Hidalgo como anfitrión de la selección de Sudáfrica, la titular de esa dependencia anunció una cartelera que incluye presentaciones en Real del Monte, hablando de la cuna del futbol. Promover el turismo es una tarea necesaria, pero distorsionar la verdad histórica para lograrlo es un error que resta seriedad a las instituciones.
La realidad, respaldada por investigaciones y rigor documental, es muy clara: Pachuca es la verdadera cuna del futbol mexicano y la sede del primer club de futbol organizado del país. Son dos hitos históricos distintos, pero ambos pertenecen a la capital: aquí se jugó futbol de forma organizada por primera vez en México y aquí nació el equipo pionero. No se trata de un debate de opiniones. Historiadores especializados, como Carlos Calderón Cardoso, han demostrado con fuentes hemerográficas que el balompié nacional tiene esta doble raíz en la capital del estado. Mencionar que Hidalgo es cuna del futbol y no Pachuca es tener una salida “políticamente correcta”.
Periódicos de finales del siglo XIX, como The Two Republics y The Mexican Herald, ya registraban los encuentros del Pachuca Football Club desde al menos noviembre de 1892, consolidándolo como el primer club de México. Incluso, existe un registro de 1889 que relata un pleito en un campo de juego a un costado de la estación del ferrocarril de Pachuca, protagonizado por mineros, lo que confirma que el juego organizado ya estaba activo. Las pruebas apuntan al mismo sitio.
Es verdad que existen versiones que sugieren que el futbol pudo jugarse antes en Orizaba, la Ciudad de México o el propio Real del Monte. Sin embargo, la diferencia es que ninguna de esas alternativas cuenta con un solo documento oficial o hemerográfico de la época que lo avale. Son recuerdos transmitidos por tradición oral, pero carecen del sustento necesario para reclamar un título tan importante. Lo que sí está plenamente documentado en Real del Monte es el entusiasmo de sus habitantes, pero nada más.
La migración de mineros ingleses provenientes de Cornwall llegó a Pachuca y transformó el panorama, dejando una huella profunda que todavía se puede ver y tocar. La presencia británica no solo trajo el deporte, sino obras arquitectónicas emblemáticas de la capital hidalguense como la Casa Rule, el edificio de Las Cajas Reales y la primera iglesia metodista de México. La infraestructura demuestra que Pachuca fue el epicentro de esa comunidad.
Utilizar el origen del futbol en Real del Monte con fines comerciales resulta arriesgado y confuso. Si lo que se busca es celebrar las raíces de esta disciplina, las actividades deberían concentrarse en los lugares donde la historia dejó sus huellas de manera comprobable.
La promoción de los municipios de Hidalgo debe basarse en sus múltiples riquezas, como su gastronomía o su pasado minero, pero sin alterar los hechos históricos. Modificar el pasado por una estrategia de marketing no cambia la realidad: la cuna y el primer club del futbol mexicano están en Pachuca, y la seriedad exige que el pasado se respete tal como ocurrió.