- Un equipo de científicos e ingenieros adecúa su instrumentación para captar ondas de radio provenientes de galaxias lejanas.
La histórica estación terrena de Tulancingo, un referente de la ingeniería y la soberanía tecnológica de México en el siglo XX, se encuentra en el umbral de una metamorfosis científica sin precedentes. La antena Tulancingo 1, una imponente estructura parabólica erigida en 1968 por especialistas japoneses y mexicanos, está siendo intervenida técnicamente para convertirse en un radiotelescopio de vanguardia.
Concebida originalmente bajo la administración federal para enlazar a México con el mundo y transmitir las señales de televisión de los Juegos Olímpicos de 1968, esta mole de metal cumplió durante décadas con funciones estratégicas de telecomunicaciones y conectividad satelital global. Sin embargo, el avance de la fibra óptica y las nuevas constelaciones de satélites abrieron la puerta a un segundo aire con fines de investigación astronómica.
Los trabajos de reconfiguración tecnológica se concentran en el foco de la parábola, específicamente en la pequeña cabina de instrumentos y receptores. En ese espacio confinado, ingenieros y astrofísicos instalan sistemas de recepción de ultra alta frecuencia y procesamiento digital de señales de ruido cósmico, sustituyendo los antiguos equipos de microondas comerciales.
Una vez que concluya la calibración de sus nuevos componentes analógicos y digitales, Tulancingo 1 cambiará por completo su misión operativa: dejará de enlazar redes humanas para rastrear las profundidades del universo. El nuevo radiotelescopio hidalguense estará capacitado para cartografiar el cielo en longitudes de onda de radio, registrar el comportamiento de púlsares y captar radiación remanente de galaxias primitivas, posicionando al Valle de Tulancingo como un nodo estratégico para la radioastronomía en América Latina.